Manejo de Emociones: Ira



Socialmente la ira se asocia a negativo. Rechazamos la idea de estar enojados, y si surge esa emoción, la culpa empieza a hacer peso. Sin embargo, estamos viendo de manera equivocada al enojo. Éste no es malo, sino lo que hagamos con él. El cegarnos por la ira y reaccionar sin más es lo que la convierte en algo malo.


Las emociones tienen una función. La ira nos reta a ver dentro de uno mismo, pues la mayoría de las veces surge como auto defensa o resistencia a algo que nos puede hacer daño o surge de miedos no resueltos o cuando el ego es grande. Sea cual sea su origen, puede ser una oportunidad de hacer algo diferente para bien.

Manejar la ira no es reprimirla, pues hace muchísimo daño, pero tampoco es justificarse para ser explosivo, destruir cosas, gritar y amedrentar a la gente que me rodea. Manejar la ira es expresarla sin dañar a nadie.

El primer paso es reconocer que estas enojado. Detectar las señales del cuerpo que nos dicen que nuestro “termómetro” interno está llegando a un punto de tensión. En ese momento, respirar, alejarse de la situación si es necesario, a manera de tiempo fuera positivo.

Darse tiempo para no reaccionar al instante. Y ese tiempo fuera no es para alimentar más las “razones” del enojo, pues tendemos a buscar la culpa en otras personas. No hay culpables, pues los sentimientos, lo que interpretamos de las emociones es nuestra decisión. 



Te confieso que esta emoción ha sido mi talón de aquiles. No hay nadie perfecto. Para mi Ego es muy difícil pero es lo más sano, te ayuda a comprender que aunque una persona se comporte de forma maliciosa, YO SOY quien permite que sus acciones me “hagan” perder el control. Si fuese cierto que las emociones dependen de los demás ¿por qué no todos tienen problemas con la ira en situaciones similares? El Ego nos hace creer que somos los únicos que sufrimos cuando en realidad no es así.

Después de tomar algo de control, se puede intentar resolver el problema, hablar hasta cuando estemos seguros de que no causaremos daño y se obtendrá algo productivo. Y si queda algo de enojo, puedes sacarlo a través del ejercicio, grito pero no hacia alguien ni a ti.

El aprender a manejar la ira no significa que erradicaremos el enojo para siempre. Sólo implica entrenar la mente para detectarla y evitar explotar de forma violenta. La respiración y el aprender a ver un poco más hacia ti, ayuda a crear el hábito de practicar la Paciencia, la Gentileza y la Compasión que tanta falta le hacen a este mundo.






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