Despertando el lado espiritual

Un día, cuando todo se veía perdido, me acordé de Dios.

Entendí que la soberbia era el disfraz más grande ante la inseguridad.

Y decidí soltarla para apropiarme del lado divino que todos llevamos dentro.


Y fue cuando conocí a MI Dios.

El que me acompaña en auto, autobús o en las caminatas rumbo a casa.

El que se sienta a mi lado cuando escucho a un paciente y me enseña a verlo como un ser humano más que como un cliente.

El que llora y ríe conmigo y no de mí como alguna vez creí.

El que me corrije cual padre para que no vuelva a caminos absurdos alejados de la misión que me entregó al nacer.

El que me sigue diciendo que la paciencia es la lección que me falta todavía fortalecer.

El es el Dios que me encuentro todos los días, en la sonrisa de mi hija, en todos los rostros, en todas las cosas, en mis logros, en mis fracasos. El que no me castiga por no ser como los hombres dicen que debería ser.



Pues el habita aquí. Y así será hasta el fin del tiempo.

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